El helicóptero de 'Noticias RCN'

La semana pasada, minutos después de escuchar la manera en que el cardenal (y terrorista de sotana) Darío Castrillón se revolcaba en el lodazal de su incoherencia y de su repugnancia con sus pálidas justificaciones en La W-lio, Colombia se "paralizó" durante unas horas con la lamentable noticia del (sorpresivo) suicidio de la modelo y presentadora (venida a menos, hay que decirlo) Lina Marulanda.

Siendo como son los medios de comunicación colombianos y dada la "coordinación" del hecho con las emisiones del mediodía de los noticieros, era obvio que iban a abrir con el tema, dejando atrás las elecciones presidenciales y, obvio, el escándalo de los curas violadores y sus encubridores. Lo que jamás imaginé, a pesar de la farandulización y el amarillismo rampante de ambos informativos nacionales, fue la atrocidad de la que me enteré vía Twitter y que se convierte en una de las mayores bajezas del peor noticiero de la historia de la televisión colombiana: Noticias RCN, evangelio diario de los seguidores de Álvaro Uribe Vélez y noticiero en el que un cura fantoche "explica" extraños fenómenos meteorológicos, envió un helicóptero a sobrevolar el edificio donde vivía Marulanda (y donde se quitó la vida).

¿Qué pretendía la tristemente célebre lectora de solapas de libros Clara Elvira Ospina al enviar el helicóptero al edificio? ¿Pretendía transmitir en directo el levantamiento del cadáver o conseguir imágenes "exclusivas" de la familia de la fallecida modelo? ¿Enviarían al tal "patrullero" del aire a dar cuenta de la situación de millones de colombianos desempleados, desplazados, traumatizados por la violencia, amenazados, etc.? ¿Si no hubiera sido Lina Marulanda (quien trabajó para dos de los competidores de RCN) sino alguna de las modelitos que tienen de "presentadoras de farándula" le habrían dado tal despliegue de quinta categoría? ¿Habrían permitido las miembros del eje del mal del periodismo nacional (Ospina, Victoria Eugenia Dávila y Claudia Gurisatti) el envío del aparato si se tratara de la muerte de alguien cercano a ellas?

La criminal payasada del "informativo" no ha recibido, que se sepa, mayor cuestionamiento del gremio periodístico (salvo alguna nota al pie aislada que lo censura). Quizás sea el haberse acostumbrado a estas tristes prácticas o también el hecho de que, al tratarse de un personaje de la farándula, sería un 'desperdicio' o una 'frivolidad' discutir el envío del "patrullero del aire". Irónicamente los cuestionamientos surgieron en los habitualmente despreciados y vilipendiados blogs de farándula.

¿En serio ningún periodista —serio, claro, no hablo de los figurines que a duras penas pueden leer el teleprompter— de Noticias RCN cuestiona las decisiones abiertamente sensacionalistas y sedientas de rating de la despreciable C. E. Ospina? ¿Así de bien les (mal)pagan que los mantiene callados el sueldo? ¿O les parecerán "audaces" las ridiculeces con las que muchos de los que ven su pasquín televisivo sienten ganas de vomitar? Ya lo escribí antes: los medios colombianos van de mal en peor. Y si es así con dos canales nacionales privados (cómo olvidar las idioteces de los corresponsales de Noticias Caracol en la costa atlántica, que "cubren" con profusión y frecuencia "apariciones" de "fantasmas" y de la virgen en lugar de informar acerca de los problemas de su región) no me quiero imaginar lo que será con un tercer canal que, luego de fingir por unos meses "originalidad", se convertirá en más de lo mismo (no se puede esperar nada de ninguno de los participantes de la polémica licitación). Total, este país no se merece otra cosa.


Adenda: apenas peor que lo del helicóptero fue la manera rastrera y puñetera en que el seudocomediante Andrés López aprovechó para culpar a la siquiatría del destino de Lina Marulanda y hacer proselitismo de su "religión" (una de las patrañas más absurdas, ridículas y criminales de la historia, que tiene en dicha ciencia uno de sus mayores enemigos).

Los verdaderos motivos

Sin duda, un tema que ha dado de qué hablar en los últimos meses ha sido el referendo que busca imponer cadena perpetua para los violadores de niños, iniciativa promovida por la concejal de Bogotá, "liberal" peñalosista, Gilma Jiménez Gómez. Concuerdo con ella y con los partidarios de dicha iniciativa en que estos delitos, abiertamente atroces, deben castigarse con la mayor severidad, por razones que son obvias. No obstante, estoy en desacuerdo con la propuesta porque no ataca el problema de raíz y porque sus motivos, o al menos los de la concejal, pueden no ser tan loables como muchos creemos.

Leí con interés la entrevista concedida por la señora Jiménez a Gustavo Gómez publicada en Semana. Por desgracia, me permitió confirmar lo que ya sospechaba. A la pregunta de si "[l]os agresores están enfermos" (entiéndase "agresores" = "violadores"), la concejal se atreve a responder: "[n]o tengo idea, ni me interesa. El argumento de la enfermedad es una forma de exculparlos de entrada" (el énfasis es mío). Es extraño, en el mejor de los casos, que a la promotora de una iniciativa que pretende reformar la Constitución y modificar el sistema jurídico para castigar abominaciones de tal cariz no le "interese" conocer las causas de las mismas. ¿Por qué será?

Creo que es bastante, y perturbadoramente, evidente. En el mejor de los casos, la cadena perpetua para los violadores de niños sirve para saciar la sed de venganza (que no de justicia) de muchos colombianos que, por razones justas y obvias, se indignan, se enfurecen y repudian estas atrocidades, ante la imposibilidad de devolver el tiempo para evitar que estos crímenes sucedan y buscando que la impunidad, al menos en estos casos, no reine como suele hacerlo en este país. No obstante, tras haber seguido el desarrollo de este debate y la manera en que la concejal Jiménez busca afanosamente protagonismo, apareciéndose para robar pantalla cada vez que un repugnante caso de este tipo sale a la luz pública (en ocasiones porque ella misma hace que se conozca, aunque es sospechosa su ausencia cuando los casos involucran a miembros de la organización terrorista más antigua de la historia de la humanidad, los mismos que se escudan en la sotana y en ciertas directrices vaticanas para evadir la justicia terrenal), hace inevitable pensar muy mal. Sí, hablo del peor de los casos.

No hay que olvidar que una iniciativa que, propuesta por quien sea, inevitablemente va a ser "popular", pues trata de defender y de privilegiar a una población vulnerable y tradicionalmente descuidada por las autoridades como la infancia, da importantes réditos electorales. No es un secreto que Jiménez busca llegar al Congreso y que la manera más fácil de darse a conocer fuera de Bogotá (pues en la capital, antes de esto, no la conocía la mayor parte del electorado) es con un tema tan sensible como este. Por esto mismo pasa a segundo plano cualquier intento, pensado y sustentado, de cortar el problema de raíz, pues eso no satisface a la turba iracunda cavernaria que pide en pleno siglo XXI aplicar la ley del talión, ni a personas aparentemente más civilizadas que no tienen problema alguno en adherirse a tal clamor. Eso no da votos.

Si a la concejal Jiménez no le interesa conocer el porqué los violadores hacen sus fechorías es porque no le interesa, o al menos no pretende, que haya menos violadores, ni le interesa acabar con el abuso sexual contra los menores de edad. Siempre será más fácil buscar castigos más severos, a pesar de los avances en ese sentido (la ley 1098 de 2006 es uno de ellos) para mejorar la "percepción" de "justicia". Es más simple encerrar gente que evitar que haya más abusos. Es mucho más fácil hacer de Torquemada posmoderna que rascarse el 'coco' pensando en cómo hacer que algunas personas no cedan a sus más oscuros impulsos y a sus más tenebrosos deseos (lo corrobora la propia exposición de motivos del referendo, donde se argumenta profusamente la coerción pero no se menciona la prevención por ninguna parte). Es pan comido promover el escarnio público como método de reducción del crimen. Háganme el favor.

Esta señora necesita aparecer como la "defensora de los niños" para llegar al parlamento. Acabar con el abuso sexual no es importante para Gilma Jiménez, pues para ella ya es suficiente con llenar las cárceles —como si eso fuera tan difícil— de violadores de niños (¿de preferencia laicos?). Si por ella fuera, que los ejecutaran, a pesar de que ni la pena de muerte ni la cadena perpetua evitan ni reducen los delitos. A punta de verdades a medias se ha promovido un referendo que, si bien tiene las mejores intenciones del mundo, busca una reforma que, de aprobarse, conseguirá más bien poco. "Bonita" manera de pensar en "nuestros" niños.

Colombia les deberá reconocer a Jiménez y a muchas otras personas el haber abierto la discusión y haber aumentado la conciencia entre nosotros sobre este grave asunto. Pero difícilmente habremos de patrocinarle el haber usado las preocupaciones legítimas de los ciudadanos por los niños para su propio beneficio personal, pudiendo más sus deseos de convertirse en la protagonista de una cacería de violadores que una búsqueda sincera de soluciones reales, menos en un país con un sistema jurídico saturado e imperfecto, y con unas cárceles hacinadas que no cumplen la función resocializadora que les corresponde.

La incoherencia y el manifiesto desinterés de su principal promotora (y futura senadora) en las causas de las atrocidades que motivaron la cruzada que dice abrazar, son razón suficiente para desconfiar de una iniciativa bienintencionada y quizás necesaria, pero incompleta, deficientemente sustentada y, a la larga, inocua y, peor aún, con tufo de politiquería y de populismo. Insisto: si no ataca el problema de raíz, no sirve.

Así de simple y así de claro.


Adenda: Ala, ¿dónde están doña Florence Thomas, la honorable concejal Ángela Benedetti y demás enemigas y enemigos del sexismo? Mientras se revive el debate por el llamado lenguaje "incluyente", el Magnánimo "Querido Líder tropical" aprovecha la coyuntura para "encomendarle" a la flamante general de la República Luz Marina Bustos que se "encargue" del tenebroso problema de la delincuencia juvenil. ¿Por qué tiene que hacerlo la general Bustos? ¿Por qué justo cuando la ascienden al máximo grado de la Policía Nacional? ¿Acaso un hombre no puede encargarse de ese tema? ¿Como es mujer entonces que 'cuide' niños y lave la loza? ¿La actitud de Uribe no es sexista?

Publicado originalmente el 17 de junio de 2009 en equinoXio

Triste y peligrosa mentalidad

Hace unos días, uno de los columnistas de equinoXio escribió un artículo en el que, palabras más palabras menos, aseguraba que, a pesar de todos los esfuerzos y recursos usados en las dos administraciones del presidente Álvaro Uribe Vélez para derrotar a las FARC, éstas, no obstante los duros golpes recibidos en 2008, siguen ahí y no han sido "derrotadas" como se afirma de manera insistente en los medios y en otros escenarios donde se debate el conflicto armado colombiano.

Tales afirmaciones son, obviamente, susceptibles de ser discutidas, contrastadas y rebatidas o apoyadas, como corresponde en un país democrático (o al menos uno que, como Colombia, se "precie" de serlo). Un comentario de un fundador y ex miembro de equinoXio, que parecía una crítica legítima al artículo, terminó dejando en evidencia una triste y peligrosa mentalidad que, en mi ingenuidad extrema, creí patrimonio de quienes residen en esta polarizada y apasionada tierra tropical, expuestos de manera permanente a la propaganda de ambos lados. El corresponsal, quien ve en el artículo de marras una "loa" al grupo narcoterrorista, no vacila en enviarle sus "buenos" deseos al columnista —a quien previamente califica de "desavisado"— con estas "tiernas" palabras:

Tal vez necesite Julián Rosero Navarrete que le secuestren a un familiar o se lo maten en una mina quiebrapata o una “toma” a mansalva como la que suelen realizar estos narcotraficantes y secuestradores “guerrilleros”.
Tal vez un día el país aumente su masa gris y equinoXio la refleje de mejor manera.

Este tipo de comentarios, frecuentes en los foros del peor diario de Hispanoamérica y que incluso se han visto en equinoXio, extraña en alguien que consideraba reposado, sereno y analítico, y quien además lleva varios años en un país que los uribistas (y no uribistas) suelen poner, con al parecer cándida emoción, como ejemplo de lo que Colombia debería ser algún día.

¿A qué horas se volvió "legítimo", "lícito" y "correcto" el desearle a un contradictor que le secuestren o le asesinen un familiar? ¿Desde cuándo tamaña bajeza, síntoma del execrable pero cada vez más habitual sicariato moral, debe ser bien vista y además alentada y difundida? ¿Es legítimo también, como de manera desesperada y odiosa respondió el columnista ofendido, desearle a un contradictor que le asesinen a un pariente para presentarlo como terrorista, o que le decapiten, le violen o le pasen a cuchillo o a motosierra a un ser querido para que "aprenda"? ¿Eso puede llamarse "debate"?

¿Por qué "debe pagar con su vida" aquel que piensa distinto a uno? ¿Qué tanto tiempo puede transcurrir entre el deseo y el hecho? ¿Qué tanta "voluntad" falta para que esos deseos se vuelvan realidad? ¿No es ese el cobarde comportamiento de los mafiosos tropicales, que ejecutan a los familiares de sus enemigos a fin de callarlos o de cooptarlos? ¿Esta es la clase de gente que nos exige "aumentar nuestra masa gris para reflejarla de mejor manera"? ¿Este señor se cree más "correcto" que el resto por creer la propaganda gubernamental a pies juntillas, idolatrar, aparentemente, a Uribe y "odiar" —como muchos hacemos de manera más consciente y justificada— al grupo narcoterrorista más antiguo del continente?

En otros países, probablemente la sola afirmación del corresponsal causaría una gran indignación. Pero en Colombia, que es el mundo al revés, es evidente que muchos estarán de acuerdo (y como se dijo líneas atrás, "tiernas" palabras como esas son frecuentes en internet y en conversaciones cotidianas). Y para colmo, cierra el comentario con un "abrazo". Háganme el favor.

Afirmaciones desgraciadas como las del señor Suárez propician o, en el mejor de los casos, hacen apología del asesinato y el secuestro. Palabras hirientes que se verán con mayor frecuencia en los próximos meses, ahora que los medios de comunicación, aburridos de mostrar las inverosímiles, recurrentes y supuestas "apariciones" de la virgen en los noticieros y de minimizar los escándalos en que se halla involucrado el gobierno, han iniciado, de manera artificialmente anticipada, la campaña política de 2010.

La perversa desviación del debate político en Colombia, absorto en la figura presidencial, cuya perpetuación en el poder es más importante que la crisis económica local y mundial, el hambre, la pobreza, la misma seguridad (el caballito de batalla del régimen) y otros tantos temas que en otras latitudes son prioridades obvias, es propicia para que comentarios alevosos y cargados de los peores sentimientos hagan el mayor ruido posible, a fin de que las mayorías, aterrorizadas e irredentas, salgan corriendo, pavorosamente, a respaldar un régimen que necesita, como si de ello dependiera su vida, la existencia de un enemigo como las FARC, banda asesina que no está derrotada a pesar de lo logrado, tal como afirmara la semana pasada el editorialista de Los Angeles Times. ¿Será que el "pensante" señor Suárez irá a desearle al "comunista" del rotativo californiano que le secuestren un familiar o que se lo maten? ¿Esa es la "altura" del debate que quiere dar?

Se alborota el odio de muchos colombianos, en especial el de aquellos que, sin ser hijos únicos ni resultaron no aptos para el servicio militar por motivos de salud, arengan en internet la repartición de bala al terrorismo con la libreta de segunda clase (comprada por la mamita, el papito o el tío "bien conectado") en el bolsillo. Tan "patriotas". Al fin y al cabo, no son ellos la "carne de cañón" que por igual las fuerzas legales del Estado y las ilegales guerrilleras o paramilitares usan para saciar sus sanguinarios apetitos. Esa es la mentalidad criminal que, suscrita por este desconocido señor Suárez y otros, de todas las tendencias políticas y de todos los bandos, alimenta una guerra que es, ante todo, un negocio de los poderosos, una élite criminal que se beneficia de las muertes de centenares, el secuestro de miles y el desplazamiento forzado de millones de seres.

Otrora, algunos opinábamos más con el sentimiento que con la razón. A punta de errores, de discusiones y de amarguras se van refinando los argumentos, se aprende a entender al otro y, sin cambiar de punto de vista, se es más coherente. Sólo hace falta rascarse un poquito la cabeza. No ha de ser tan difícil, ni para este servidor, ni para los enardecidos foristas de internet ni para el ensoberbecido corresponsal.

Así de simple y así de claro.


Adenda: Aprovecho este espacio para expresar mi respaldo y solidaridad incondicionales al señor Jaime Restrepo, quien en los últimos días ha sido objeto de cobardes intimidaciones por parte de quienes, sin capacidades de argumentar ni de debatir un punto de vista contrario, se esconden en el anonimato para violar —usando el espacio que permite el blog del periodista para la discusión— la intimidad y la privacidad a las que todos tenemos derecho, en un burdo intento de silenciarlo. Todas las formas de amenaza, toda forma de sicariato moral, vengan de donde vengan, deben ser enfrentadas con la valentía de la que carecen quienes las perpetran. Y ese respaldo debe brindarse independientemente de si se está de acuerdo con los puntos de vista expuestos o no.


Publicado originalmente el 4 de junio de 2009 en equinoXio

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