Sin duda, un tema que ha dado de qué hablar en los últimos meses ha sido el referendo que busca imponer cadena perpetua para los violadores de niños, iniciativa promovida por la concejal de Bogotá, "liberal" peñalosista, Gilma Jiménez Gómez. Concuerdo con ella y con los partidarios de dicha iniciativa en que estos delitos, abiertamente atroces, deben castigarse con la mayor severidad, por razones que son obvias. No obstante, estoy en desacuerdo con la propuesta porque no ataca el problema de raíz y porque sus motivos, o al menos los de la concejal, pueden no ser tan loables como muchos creemos.

Leí con interés la entrevista concedida por la señora Jiménez a Gustavo Gómez publicada en Semana. Por desgracia, me permitió confirmar lo que ya sospechaba. A la pregunta de si "[l]os agresores están enfermos" (entiéndase "agresores" = "violadores"), la concejal se atreve a responder: "[n]o tengo idea, ni me interesa. El argumento de la enfermedad es una forma de exculparlos de entrada" (el énfasis es mío). Es extraño, en el mejor de los casos, que a la promotora de una iniciativa que pretende reformar la Constitución y modificar el sistema jurídico para castigar abominaciones de tal cariz no le "interese" conocer las causas de las mismas. ¿Por qué será?

Creo que es bastante, y perturbadoramente, evidente. En el mejor de los casos, la cadena perpetua para los violadores de niños sirve para saciar la sed de venganza (que no de justicia) de muchos colombianos que, por razones justas y obvias, se indignan, se enfurecen y repudian estas atrocidades, ante la imposibilidad de devolver el tiempo para evitar que estos crímenes sucedan y buscando que la impunidad, al menos en estos casos, no reine como suele hacerlo en este país. No obstante, tras haber seguido el desarrollo de este debate y la manera en que la concejal Jiménez busca afanosamente protagonismo, apareciéndose para robar pantalla cada vez que un repugnante caso de este tipo sale a la luz pública (en ocasiones porque ella misma hace que se conozca, aunque es sospechosa su ausencia cuando los casos involucran a miembros de la organización terrorista más antigua de la historia de la humanidad, los mismos que se escudan en la sotana y en ciertas directrices vaticanas para evadir la justicia terrenal), hace inevitable pensar muy mal. Sí, hablo del peor de los casos.

No hay que olvidar que una iniciativa que, propuesta por quien sea, inevitablemente va a ser "popular", pues trata de defender y de privilegiar a una población vulnerable y tradicionalmente descuidada por las autoridades como la infancia, da importantes réditos electorales. No es un secreto que Jiménez busca llegar al Congreso y que la manera más fácil de darse a conocer fuera de Bogotá (pues en la capital, antes de esto, no la conocía la mayor parte del electorado) es con un tema tan sensible como este. Por esto mismo pasa a segundo plano cualquier intento, pensado y sustentado, de cortar el problema de raíz, pues eso no satisface a la turba iracunda cavernaria que pide en pleno siglo XXI aplicar la ley del talión, ni a personas aparentemente más civilizadas que no tienen problema alguno en adherirse a tal clamor. Eso no da votos.

Si a la concejal Jiménez no le interesa conocer el porqué los violadores hacen sus fechorías es porque no le interesa, o al menos no pretende, que haya menos violadores, ni le interesa acabar con el abuso sexual contra los menores de edad. Siempre será más fácil buscar castigos más severos, a pesar de los avances en ese sentido (la ley 1098 de 2006 es uno de ellos) para mejorar la "percepción" de "justicia". Es más simple encerrar gente que evitar que haya más abusos. Es mucho más fácil hacer de Torquemada posmoderna que rascarse el 'coco' pensando en cómo hacer que algunas personas no cedan a sus más oscuros impulsos y a sus más tenebrosos deseos (lo corrobora la propia exposición de motivos del referendo, donde se argumenta profusamente la coerción pero no se menciona la prevención por ninguna parte). Es pan comido promover el escarnio público como método de reducción del crimen. Háganme el favor.

Esta señora necesita aparecer como la "defensora de los niños" para llegar al parlamento. Acabar con el abuso sexual no es importante para Gilma Jiménez, pues para ella ya es suficiente con llenar las cárceles —como si eso fuera tan difícil— de violadores de niños (¿de preferencia laicos?). Si por ella fuera, que los ejecutaran, a pesar de que ni la pena de muerte ni la cadena perpetua evitan ni reducen los delitos. A punta de verdades a medias se ha promovido un referendo que, si bien tiene las mejores intenciones del mundo, busca una reforma que, de aprobarse, conseguirá más bien poco. "Bonita" manera de pensar en "nuestros" niños.

Colombia les deberá reconocer a Jiménez y a muchas otras personas el haber abierto la discusión y haber aumentado la conciencia entre nosotros sobre este grave asunto. Pero difícilmente habremos de patrocinarle el haber usado las preocupaciones legítimas de los ciudadanos por los niños para su propio beneficio personal, pudiendo más sus deseos de convertirse en la protagonista de una cacería de violadores que una búsqueda sincera de soluciones reales, menos en un país con un sistema jurídico saturado e imperfecto, y con unas cárceles hacinadas que no cumplen la función resocializadora que les corresponde.

La incoherencia y el manifiesto desinterés de su principal promotora (y futura senadora) en las causas de las atrocidades que motivaron la cruzada que dice abrazar, son razón suficiente para desconfiar de una iniciativa bienintencionada y quizás necesaria, pero incompleta, deficientemente sustentada y, a la larga, inocua y, peor aún, con tufo de politiquería y de populismo. Insisto: si no ataca el problema de raíz, no sirve.

Así de simple y así de claro.


Adenda: Ala, ¿dónde están doña Florence Thomas, la honorable concejal Ángela Benedetti y demás enemigas y enemigos del sexismo? Mientras se revive el debate por el llamado lenguaje "incluyente", el Magnánimo "Querido Líder tropical" aprovecha la coyuntura para "encomendarle" a la flamante general de la República Luz Marina Bustos que se "encargue" del tenebroso problema de la delincuencia juvenil. ¿Por qué tiene que hacerlo la general Bustos? ¿Por qué justo cuando la ascienden al máximo grado de la Policía Nacional? ¿Acaso un hombre no puede encargarse de ese tema? ¿Como es mujer entonces que 'cuide' niños y lave la loza? ¿La actitud de Uribe no es sexista?

Publicado originalmente el 17 de junio de 2009 en equinoXio